Islas Maldivas: el paraíso en la tierra

Entre la oficina y ese diminuto paraíso formado por 1.200 islas pero que a duras penas se encuentra en el mapa apenas median diez horas. Lo normal es que el camino que llega hasta allí comience en un vuelo con escala en Bahrein (Arabia Saudí); por cierto, las tiendas de él están muy solicitadas. No hace falta salir de ese aeropuerto para percatarse de que Asia está cerca.

Las reglas del viaje al paraíso son particulares. Empiezan a aplicarse en el aeropuerto de Malé, la capital del país. Aquí la policía inspecciona las maletas a conciencia y se incauta de cualquier imagen religiosa o petaca llena de alcohol por pequeña que sea. El despistado por tanto ya comienza a convencerse de que entra en un país musulmán, aunque la foto de la propaganda oficial no dejara entreverlo. De todos modos, los extranjeros pueden sentirse cómodos porque en los hoteles se sirven todo tipo de bebidas.
Islas Maldivas
El viaje no ha terminado, continúa en barco, el medio de locomoción que se utilizará en los siguientes días. Terminado el trajín de las maletas que llegan del avión, los patrones de los dhonis, como se llama aquí a estos barcos, conducen a sus pasajeros a las islas – hoteles de destino. Éstas pueden estar a media hora o a unas horas de navegación según el atolón elegido de vacaciones.

Otro mundo a 10 horas de avión

Es el universo perfecto tanto para vagos federados como para aficionados a los deportes acuáticos. El increíble paisaje, el clima y la amabilidad de sus habitantes ponen la guinda final en este lugar ideal para fugarte.

El espectáculo comienza en las Alturas

En el momento del aterrizaje, aparece una de las mejores visiones que se disfrutan en todo el viaje. Ante los ojos del pasajero surge un reguero de círculos de coral rodeados por un aro turquesa y blanco salpicando todo el océano en una superficie que se pierde en la lejanía. Marco Polo en su época no tuvo la ocasión de ver este espectáculo desde las alturas pero algo de esa belleza debió intuir cuando en sus escritos las describió como la flor de las Indias.

Durante siglos han permanecido en el mismo estado en que las vio aquel viajero legendario hasta que, hace cuarenta años, unos maldivos emprendedores decidieron convertir estos islotes de apenas 1 km de contorno en el paraíso a medida de los occidentales que buscan un refugio a miles de kilómetros. Unos islotes de los que no se sale fácilmente –sólo en barco o hidroavión– por lo que ofertan jornadas muy completas.

Una vez que tu barco ha atravesado ese aro blanco y azul que rodea tu isla particular durante los siguientes días, entras de lleno en un lugar idílico, repleto de flores y palmerales famosos por sus trasluces. Ya estás lejos de todo. Empiezas a percatarte de que el mar y toda la naturaleza son los protagonistas de este viaje que transcurre entre los 23 y los 33 grados.

Recórrela a pie, las distancias lo permiten

Hasta 1968, Malé acogía la corte del Sultán y la isla se llamaba la Isla del Sultán. Hasta ese año y al menos desde el siglo XIV aquí gobernaba la dinastía Didi que tuvo que ceder el paso finalmente a una República. Malé ha continuado siendo la capital y la sede de los principales edificios del estado como el Palacio Presidencial, uno de los más llamativos.

Mucho más suntuosa es la Gran Mezquita del Viernes, que con su gran cúpula dorada destaca sobre toda la ciudad. Dentro del recinto, que puede acoger a cinco mil fieles, se encuentra un centro islámico.

Malé es una ciudad pequeña y pulcra, animada por el trajín constante de los barcos. Recórrela a pie, las distancias lo permiten. Después de ver la Mezquita y el Museo Nacional se puede vagabundear por los mercados de frutas, verduras y el de pescado. Éste último es mejor visitarlo al atardecer cuando vuelven los pescadores. Las calles del centro se han inundado en los últimos años de comercios donde se compran todo tipo de recuerdos relacionados con el mar.

Más atolones esperan

No está de más dejarse caer por otros islotes distintos al propio; algunos todavía están sin acondicionar para el turista. Son mucho menos vírgenes que lo que señalan los eslóganes oficiales porque sus habitantes, sobre todo pescadores, ya se han habituado a la llegada de los barcos de extranjeros. Pero, de todos modos, vale la pena acercarse. Las excursiones suelen partir de los hoteles a primera hora de la mañana. Por lo general, a dos o tres horas de navegación se llega a alguna de estas islas donde se vive a un ritmo tranquilo.

Las mujeres charlan entre ellas a la puerta de sus casas, lavan la ropa, limpian el arroz o algún grano en sus aperos elaborados por ellas mismas, los niños juegan por los alrededores, y los hombres, cuando no han salido a pescar, dedican parte de su tiempo a remendar sus velas. No son islas tan prósperas como las dedicadas al turismo; se ve menos abundancia y ningún lujo y también muchas ganas de vender souvenirs al turista. Pero tampoco hay miseria y sí una forma de vida muy tranquila. También puedes acceder a islas o islotes totalmente naturales donde no se encuentra ni un ladrillo, sólo vegetación en estado puro.

La estrella, el buceo

Apenas te sumerges unos centímetros, te sientes en el escenario de una película de aventuras o de ciencia ficción, en medio de un enorme jardín submarino, con corales de todos los tamaños y habitado por una rica población submarina. Hasta el más novato puede practicar aquí el snorkeling o el buceo y disfrutar de uno de los mayores espectáculos de la naturaleza con una visibilidad que en algunos casos alcanza los sesenta metros, algo prácticamente insólito en todo el mundo. Los más cómodos no necesitarán más que alejarse unos metros de la orilla para verse rodeados de enormes peces.

Todos los hoteles cuentan con monitores especializados para ello. Eurodiver funciona en los hoteles Fool Moon y Ari Beach y ofrece varios paquetes.

Como moverse

Casi todas las islas se recorrren a pie en media hora. Motos y bicicletas son medios de transporte muy utilizados. Los taxis (32 56 56) te cargarán 15 rupias si los paras en la calle y 10, si los llamas por teléfono. Para ir de una isla a otra, lo mejor es contratarlo en el hotel.

Dónde dormir

Casi en el cien por cien de los casos los hoteles se contratan desde España con el vuelo, dada la peculiar organización de estas islas que dificulta viajar por libre.

El Hotel Ari Beach, de categoría turista y con una construcción típica, está en el atolón de Ari Sur, a 35 minutos en hidroavión del aeropuerto de Malé. Otros hoteles muy solicitados son Kuramathi Village, a hora y media de Malé, al norte del atolón Ari, y de categoría turista superior. Si quieres lujo, contrata el hotel Hilton Maldivas; se encuentra en el atolón Ari Sur, a 35 minutos en hidroavión de la capital, o el Vabbinfaru, en Malé Norte.

Gastronomía

La mayoría de los hoteles sirven comida variada con muchas especialidades indias y orientales; además de francesa e italiana. Se suelen contratar las comidas en el paquete general del viaje. Algunos de los más afamados son los restaurantes del Hotel Blue Lagoon (44 26 72) y los de Nakatchafushi Tourist Resort (32 29 71 ) .

Qué comprar

Artesanía relacionada con motivos marinos. Peces y fauna en general submarina en piezas de madera pintadas en colores muy vivos y a precios muy asequibles. Es recomendable comprar en Malé porque hay mucha más variedad que en las tiendas de las islas pequeñas y los precios son mejores.

Las calles junto al Palacio Presidencial y la Mezquita, en el centro, reúnen la mayor parte de las tiendas. También encontrarás bonitas piezas de tela, muchas con influencias indias, cestería y conchas marinas.

Páginas web y libros recomendados

www.kuoni.es
www.gomaldives.com
www.lonelyplanet.com

Guía escudo de oro.
Guía Lonely Planet. En inglés

Aconsejamos

Maldivas es un país musulmán que vive según las costumbres de esa religión así que no se te ocurra practicar e top-less. Está más que mal visto y puedes tener problemas serios.

Fuente: deviajes.es

La gente quiere vacaciones:

2 Comments Post a Comment
  1. Elena dice:

    Sin duda todo un paraiso, quien no haya tenido la suerte de viajar a estas islas y pueda hacerlo seguro que lo recordará porque las playas son de ensueño.

  2. Lidia dice:

    Un verdadero paraiso, coincido plenamente con el artículo y con Elena.

Leave a Reply