La segunda ciudad de Portugal en importancia e historia, bañada por el paso tranquilo de las aguas del Duero, que marca los límites entre esta ciudad y Vila Nova de Gaia, lugar en el que se produce el famoso Porto. Historia e innovación, tradición y progreso… Oporto es un claro reflejo de esta fusión, así como un claro de ejemplo de aquel que mira el futuro con optimismo pese a las dificultades.
No es extraño no caer enamorado de la ciudad por una primera impresión, pues carece de la capacidad de impacto de Lisboa, además del hecho de que sus alrededores son industriales. Tan solo tenemos que ir más allá de esas primeras impresiones y descubrir el auténtico corazón de la ciudad, su aire melancólico nos enganchará.
Cómo llegar
Hay numerosas opciones que se nos plantean para llegar a Oporto, la mejor variará en función de nuestro punto de partida. Lo cierto es que no debe ser difícil encontrar vuelos baratos que nos lleven a descubrir los encantos de esta ciudad, pues en su aeropuerto operan aerolíneas como la polémica Ryanair.
Desde el aeropuerto podemos tomar la línea de metro, lo que nos llevará al centro en unos 30 minutos. Si elegimos la opción del taxi es conveniente que nos aseguremos de que tiene licencia, el precio rondará los 20 €.
Otra opción que nos puede resultar interesante es viajar por carretera, aunque debemos tener en cuenta los peajes.
Qué visitar
Necesitamos al menos dos días para descubrir los tesoros que alberga la ciudad…
Primer día: tomamos como punto de partida la Plaza da Parada Leitão, aquí podemos empezar el día con un café en el mítico Piolho, una cafetería con más de 100 años de historia. A continuación nos dirigiremos a la Plaza Gomez Teixeira o Praça dos Leões, a unos metros encontraremos los principales emblemas de la ciudad: la biblioteca histórica Lello e Irmao, cuya fachada esta decorada en estilo gótico pero de forma muy peculiar. A unos pasos nos encontramos con la Torre de los Clérigos, desde aquí podremos disfrutar de su estilo y de las vistas que nos ofrece. Tras esto nos dirigiremos a la Avenida Dos Aliados, el lugar más majestuoso de la ciudad. Aquí podemos admirar el tren histórico São Bento, decorados con los azulejos tan característicos del país.
Segundo día: en este caso dirigimos nuestra mirada a Foz, allí donde el Duero se encuentra con el Atlántico. En el camino nos encontramos con la Fundação Serralves, un lugar en el que respirar arte. De pronto hemos llegado al mar, el mismo en el que se forjaron los mayores sueños y esperanzas, además de nacer parte de la historia más gloriosa de Portugal.